Hay una tendencia periodística subliminal*, originalmente americana pero, por contagio, es mundial, que se resume en el tratamiento favorable que se da al presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
Esa sutil tendencia induce a sentir simpatía por el personaje, situando en segundo plano el debate sobre las decisiones. Así, todo pierde peso ante una figura tan prominente.
Demasiadas noticias empiezan con su nombre, y su imagen es omnipresente.
En tal contexto, incluso los minoritarios artículos de opinión críticos, lejos de hacer mella en esa generalizada sobrevaloración, contribuyen indirectamente a ensalzar al mandatario norteamericano, porque el hecho de que sea un político que suscita polémica lo mantiene en el centro de atención, con lo que tanto admiradores como detractores atizan el fenómeno. Tampoco se libran estas líneas, claro.
Para contrarrestar el efecto perjudicial de la tendencia mencionada, creo que hay que examinar rigurosamente las políticas de Obama, sus “estrategias” (y las de cualquier otro), más allá de la publicidad circundante. Si no, seguiremos pensando lo que las esferas del poder mediático-político quieren que pensemos, creyendo que lo hacemos por nuestra propia cuenta. Recordemos que nadie puede mermar nuestra libertad, a menos que lo consintamos.
* Subliminal, psicología, según el DRAE: “Que está por debajo del umbral de la conciencia.” “Dicho de un estímulo: Que por su debilidad o brevedad no es percibido conscientemente, pero influye en la conducta.”
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Hace 13 años
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