A quien le interesa la verdad, no le conviene creer al pie de la letra lo que dicen los gobernantes de Estados Unidos y sus secuaces.
La verdad está en otro sitio, como diría el guionista del latoso Expediente X. Es obvio.
Hace unas décadas, durante la guerra fría, decían que el peligro que acechaba al mundo era el comunismo. Hoy en día, en pleno calentamiento global, afirman, respaldados por sus ideólogos y secundados por su maquinaria mediática, que el islam amenaza su seguridad.
Claro, ellos fueron a distribuir flores en Afganistán (y no a lanzar bombas y misiles), visitaron a los iraquíes para darles a conocer las virtudes de la hamburguesa y, de paso, destronar a ese tirano que tanto estorbaba. Ellos, estrictos cumplidores del deber, no han invadido ningún país, no han asesinado ni han torturado. Para nada.
¿Subvencionan y apoyan al estado criminal de "Israel"? Mentira. La culpa es de los historiadores y los periodistas independientes, que no saben nombrar las cosas, así que harían bien en dimitir y ceder el puesto a los plumíferos de Washington para escribir el cuento americano, versión original, reservados todos los derechos, seguramente un irreemplazable best seller, cuyas entregas, edificantes y entretenidas, acompañarán a varias generaciones de ciudadanos crédulos, decentes y desde luego muy bien informados.
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