viernes, 12 de febrero de 2010

“Más allá de la publicidad circundante”

Hay una tendencia periodística subliminal*, originalmente americana pero, por contagio, es mundial, que se resume en el tratamiento favorable que se da al presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
Esa sutil tendencia induce a sentir simpatía por el personaje, situando en segundo plano el debate sobre las decisiones. Así, todo pierde peso ante una figura tan prominente.
Demasiadas noticias empiezan con su nombre, y su imagen es omnipresente.
En tal contexto, incluso los minoritarios artículos de opinión críticos, lejos de hacer mella en esa generalizada sobrevaloración, contribuyen indirectamente a ensalzar al mandatario norteamericano, porque el hecho de que sea un político que suscita polémica lo mantiene en el centro de atención, con lo que tanto admiradores como detractores atizan el fenómeno. Tampoco se libran estas líneas, claro.
Para contrarrestar el efecto perjudicial de la tendencia mencionada, creo que hay que examinar rigurosamente las políticas de Obama, sus “estrategias” (y las de cualquier otro), más allá de la publicidad circundante. Si no, seguiremos pensando lo que las esferas del poder mediático-político quieren que pensemos, creyendo que lo hacemos por nuestra propia cuenta. Recordemos que nadie puede mermar nuestra libertad, a menos que lo consintamos.


* Subliminal, psicología, según el DRAE: “Que está por debajo del umbral de la conciencia.” “Dicho de un estímulo: Que por su debilidad o brevedad no es percibido conscientemente, pero influye en la conducta.”

lunes, 9 de marzo de 2009

Amos Oz

El valor de un intelectual consiste tanto en su compromiso humano con la justicia y la libertad como en la calidad de su obra, sea ensayística o de ficción.
El sobrevalorado Amos Oz carece de las dos cosas. Además de la mediocridad de su obra, se presta a la propaganda sionista. Valiéndose de su fama, difunde en artículos y entrevistas posturas desequilibradas, tergiversa los hechos.

"El bombardeo sistemático de los ciudadanos de pueblos y ciudades israelíes es un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad. "israel" debe defender a sus ciudadanos. Es obvio para todo el mundo que el gobierno israelí no desea entrar en Gaza; preferiría mantener el alto el fuego que Hamás violó y finalmente quebró. Pero el padecimiento de los ciudadanos israelíes que viven cerca de la franja de Gaza no puede continuar."

Suelta en una pieza redundante publicada por Abc (el 15 de enero pasado). O sea, literatura al servicio del ejército, del mismo modo en que la televisión y la prensa israelíes desechan toda profesionalidad para promocionar sus guerras abusivas y criminales.
¿Compromiso ético? Nada que ver con ese escritor (y similares), que miente con tanto descaro. Todo el mundo vio cómo la aviación israelí asesinaba a centenares de civiles palestinos mientras dormían en sus casas; cómo cuerpos de madres, ancianos y bebés eran convertidos en trozos carbonados por el fósforo blanco; cómo escuelas llenas eran abatidas…
El ejército israelí, armado con la última tecnología de la destrucción, bombardeaba a millones de personas acorraladas en una pequeña franja, asediadas y sin alimentos ni medicamentos desde hacía año y medio. La única defensa que impedía el exterminio apenas disponía de cohetes caseros; la resistencia palestina no equivale ni la décima parte de la capacidad destructiva israelí.
El ejército israelí, que cometió un crimen contra la humanidad al asesinar a más de mil quinientos palestinos (1500), habla, mediante sus gramófonos mediáticos, de "inocentes ciudadanos" amenazados, que no son más que los colonos asentados ilegalmente en una tierra que no es la suya.
El mencionado Oz y los asalariados propagandistas reclutados por el Tsahal justifican la aniquilación de un pueblo entero y la ocupación de su tierra; si alguien de ese pueblo se niega a ser degollado y, en legítima defensa, se rebela contra la opresión es inmediatamente tildado de terrorista.